sábado, 13 de marzo de 2010

Le bain de Cléopâtre

Bañarte en una piscina llena de leche entera, parece ser, que era uno de los quehaceres diarios de la dama de Egipto, uno de sus placeres cotidianos que permitía que su piel no degenerara en papel de lija con el paso de los años.

Yo me imagino bañarme en leche humeante... y me dan ganas de potar la verdad. Porque pensad, cuando la leche hierve se forma esa telita que parece placenta de mamut putrefacta y se te metería en los ojos y en la nariz al respirar y te pringaría el pelo como si un suricato gigante se hubiera corrido en tu cabeza.

Pero a pesar de estos pensamientos llenos de escrúpulos, me encantaría estar presente en una de sus sesiones de belleza, fundamentalmente por conocer a su estupenda leona.


Espero que os guste y os partais vuestros respectivos ojetes. (:

PD. Brindemos por las fantásticas series de pelis VHS que nos ofreció La Verdad en nuestra infancia.

1 comentario:

Ana Tecla dijo...

Es cierto que esa telilla que cría la leche de cartón y la nata de brick, inspira de todo menos belleza. Sin embargo habiendo probado la leche natural de montaña con una capaza de una nata tan deliciosa que funde el paladar con solo olerla,
puedo entender que Cléopatra se sumergiera de lleno en la bañera desnuda hasta relajarse e imagino su piel jugosa y brillante como quedan los labios después de tomarse un buen tazón de leche natural.
La pequeña Heidi transmite esta sensación mejor que yo.Saludos: una tocaya